Hoy, 31 de Agosto, un saludo a las mamás

31 de agosto de 2020 P. José Luis Correa Lira

En su libro de meditaciones sobre la oración llamada ‘Pequeña Consagración’ (‘Oh Señora mía,…’), cuyo principal divulgador fue el jesuita Nicolás Zucchi, el autor, mi hermano de curso en la comunidad de los Padres de Schoenstatt, Patricio Moore I., hace referencia a las investigaciones de otro miembro de nuestra comunidad sacerdotal, el ya fallecido Fr. Jonathan Niehaus, quien llegó a descubrir el origen más remoto de esa oración. Se remontaría a San Ramón Nonato.
¿Quién fue este santo que la Iglesia recuerda hoy? No – nato significa no nacido, sino que fue extraído del vientre de su madre, 24 horas después de que ella había fallecido. Por eso se le considera el santo patrono de las embarazadas.
Este mercedario llegó a ser cardenal de la Iglesia en el siglo XIII.
El papa Francisco, en su viaje a Cuba, hizo algo muy bonito. Les propuso a todas las embarazadas que se toquen la panza y les dio la bendición. Y finalizó sugiriéndoles que acaricien al hijo que están esperando.
En su Exhortación apostólica Amoris Laetitia escribió esta petición:
“A cada mujer embarazada quiero pedirle con afecto: Cuida tu alegría, que nada te quite el gozo interior de la maternidad. Ese niño merece tu alegría. No permitas que los miedos, las preocupaciones, los comentarios ajenos o los problemas apaguen esa felicidad de ser instrumento de Dios para traer una nueva vida al mundo. Ocúpate de lo que haya que hacer o preparar, pero sin obsesionarte (…) Vive ese sereno entusiasmo en medio de tus molestias, y ruega al Señor que cuide tu alegría para que puedas transmitirla a tu niño”.
Poco después de la Pascua de Resurrección de este año, el Papa Francisco pidió oración por “las mujeres embarazadas que se convertirán en madres y están inquietas, preocupadas. Recemos por ellas, para que el Señor les dé el coraje de seguir adelante con estos hijos con la confianza de que ciertamente será un mundo diferente, pero siempre será un mundo que el Señor amará tanto”.
Retorno y aconsejo la lectura del libro ‘Todo a ti María. Libremente y por amor.’ Allí el autor asegura que existe un cierto paralelo entre el contexto vital del origen de la ‘Pequeña Consagración’ en la vida de san Ramón Nonato y la vida del padre Kentenich, cuya madre soltera tuvo que entregar a su hijo de casi nueve años a un hogar de niños.
Por intercesión de san Ramón pidamos por todos los niños y niñas en su período de gestación en el vientre materno y por que ellas nunca caigan en la terrible tentación del aborto, que es siempre un crimen, aunque en algunos países lo legalicen seguirá siendo lo que es; algo inmoral y abominable (¡y para qué hablar de la falacia del mal llamado ‘aborto terapéutico’!)
P. JL p.jlcorrealira@gmail.com
Sugerencia de lectura:
Amoris Laetitia. Numerales 168 y 170:
168. “El embarazo es una época difícil, pero también es un tiempo maravilloso.
La madre acompaña a Dios para que se produzca el milagro de una nueva vida. La maternidad surge de una ‘particular potencialidad del organismo femenino, que con peculiaridad creadora sirve a la concepción y a la generación del ser humano’. Cada mujer participa del ‘misterio de la creación, que se renueva en la generación humana’ (…) Cada niño está en el corazón de Dios desde siempre, y en el momento en que es concebido se cumple el sueño eterno del Creador.
170. “La madre que lo lleva en su seno necesita pedir luz a Dios para poder conocer en profundidad a su propio hijo y para esperarlo tal cual es. Algunos padres sienten que su niño no llega en el mejor momento. Les hace falta pedirle al Señor que los sane y los fortalezca para aceptar plenamente a ese hijo, para que puedan esperarlo de corazón. Es importante que ese niño se sienta esperado. Él no es un complemento o una solución para una inquietud personal. Es un ser humano, con un valor inmenso, y no puede ser usado para el propio beneficio. Entonces, no es importante si esa nueva vida te servirá o no, si tiene características que te agradan o no, si responde o no a tus proyectos y a tus sueños. Porque ‘los hijos son un don. Cada uno es único e irrepetible […] Se ama a un hijo porque es hijo, no porque es hermoso o porque es de una o de otra manera; no, porque es hijo. No porque piensa como yo o encarna mis deseos. Un hijo es un hijo’. El amor de los padres es instrumento del amor del Padre Dios que espera con ternura el nacimiento de todo niño, lo acepta sin condiciones y lo acoge gratuitamente